
La alegría de compartir y celebrar la fe
¿Alguna vez has vivido una fiesta patronal? No me refiero solo a ir a misa y ya, sino a sentir ese momento como un verdadero encuentro con tu comunidad, con Dios y contigo mismo. Como sacerdote de los Misioneros Siervos de los Pobres, puedo decirte que estas celebraciones son mucho más que tradición: son vida.
Cada 24 de octubre celebramos en nuestra parroquia San Rafael Arcángel, ubicada en la colonia Jalalpa Tepito, alcaldía Álvaro Obregón de la Ciudad de México, la fiesta de nuestro santo patrono. Es una fecha que se espera con mucho entusiasmo. Muchos feligreses acuden con verdadera devoción a dar gracias a Dios por los favores recibidos por la intercesión del Arcángel Rafael.
Nuestro trabajo apostólico como Misioneros Siervos de los Pobres se desarrolla principalmente en la atención pastoral de los fieles laicos en las parroquias. Acompañamos el día a día de los hermanos de este territorio, escuchándolos, orientándolos, estando cerca de ellos en sus realidades y necesidades concretas. Y precisamente la fiesta de la parroquia es una gran oportunidad de encuentro, no solo con los hermanos del territorio parroquial sino también con personas de las parroquias vecinas.
Más que una fiesta: un encuentro que transforma
Es ocasión para evangelizar a partir de la Palabra de Dios, para fortalecer y purificar la religiosidad popular, para acrecentar nuestra fe y ofrecer los Sacramentos de los cuales obtenemos la gracia y con ella la vida verdadera. Es un verdadero momento de alegría y gozo que nace del sentirnos todos hermanos y llamados por el mismo Dios y Señor a vivir siendo testigos de su amor y de sus gracias.
Para nosotros como sacerdotes Siervos de los Pobres, la vivencia de estos momentos particulares enriquece y fortalece nuestra vocación. Nos anima a seguir sirviendo con dedicación y perseverancia a todos los que requieren de nuestro acompañamiento. Como Vicario parroquial me quedo con una gran satisfacción y un profundo agradecimiento hacia todos los hermanos y hermanas que, de una u otra manera, colaboraron para que este momento se viviera en paz, armonía y gozo espiritual.
Este año la celebración tuvo un gran número de participantes: niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Algunos de ellos tuvieron la oportunidad de expresar sus talentos artísticos en el evento cultural que se realizó para todas las familias y personas que asistieron. También contamos con la presencia de nuestro hermano sacerdote José Alberto Palacios Argüelles, s.d.P., párroco de Santo Tomás Ajusco. Él presidió la santa Misa solemne y nos exhortó a vivir en la humildad delante de Dios, a esforzarnos por construir cada vez más una comunidad que ponga al centro a Cristo vivo y resucitado, a no olvidarnos que Dios también se hace presente en nuestras vidas a través de los santos arcángeles y que nos los ha dado como protectores y guías.
Es bello recordar que nuestra vida como sacerdotes está orientada a acompañar a los fieles en su día a día, a estar cerca de ellos en sus propias realidades y necesidades. En pocas palabras, nuestra vida está orientada a la salvación de ellos y a ofrecerles los medios suficientes para que juntos disfrutemos un día de las bienaventuranzas eternas. Celebrar la fe en comunidad nos recuerda que no caminamos solos, que la alegría del Evangelio se vive mejor cuando se comparte, y que cada fiesta patronal, cada eucaristía, cada encuentro, es una oportunidad para renovar nuestro compromiso con Cristo y con los hermanos.
¿Has vivido alguna vez una celebración comunitaria que renovara tu fe? ¿Qué significa para ti celebrar en comunidad?
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