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Cristo, vida vuestra: medio siglo de entrega consagrada

Piedad Rivas, consagrada del Regnum Christi, recuerda que su vocación comenzó con una experiencia profunda visitando al noviciado de los Legionarios de Cristo, cuando sintió que la frase “Cristo, vida vuestra” debía orientar toda su existencia. Desde ese momento, su camino espiritual se ha caracterizado por una búsqueda constante de dejar que Cristo sea el centro de su vida, guiando cada paso y decisión.

Una vida marcada por la experiencia filial y fraterna

Al hablar de sus 49 años de consagración, Piedad describe su camino como una experiencia profundamente filial y fraterna. Ha sentido el amor de Dios en Jesucristo y, al mismo tiempo, ha experimentado la fraternidad en la comunidad. Para ella, cada persona es un reflejo de Cristo, y esa mirada le ha permitido vivir la consagración como un encuentro constante con el Señor en los demás. La oración diaria ha sido el pilar de su vida espiritual: “Jesucristo es mi Esposo y Señor; nos hemos conocido en la intimidad y su presencia constante ha sido vital”. De la Eucaristía cotidiana brota la fuerza que sostiene su entrega, hasta el punto de resumir su vocación en una sola afirmación: “Cristo ha sido mi vida, es mi vida”.

La fuerza de la Palabra

Las Sagradas Escrituras han sido faro y guía en su camino. Piedad menciona pasajes que han orientado su misión y su entrega: Gálatas 2,20, que le recuerda que su vida se vive en la fe del Hijo de Dios; Juan 6,35, que le asegura que Cristo es el pan de vida; y Juan 4,34, que le inspira a hacer la voluntad del Padre. También resuenan en ella las palabras de Juan 18,37, que le recuerdan su misión de dar testimonio de la verdad, y la presencia constante de María junto a la cruz en Juan 19,25-27, modelo de humildad y entrega silenciosa. Estos textos han sido brújula espiritual y sostén en los momentos de dificultad, reafirmando que su consagración es, ante todo, una vida centrada en Cristo.

Apostolados que dejan huella

A lo largo de casi cinco décadas, Piedad ha desempeñado diversos apostolados que la han marcado profundamente. En la universidad, su consagración se vivía en el contacto directo con las personas. En México, entre 1976 y 1979, trabajó en colegios acompañando a familias y profesores. En España, su labor en un centro estudiantil le permitió descubrir lo mejor de sí misma a través del trato con adolescentes. Más tarde, en la diócesis de Salamanca, su servicio se centró en la comunión eclesial, y en la fundación Altius fue pionera trabajando a tiempo completo durante cinco años. Cada etapa ha sido una oportunidad para dejar que Cristo actúe a través de su presencia y su servicio.

Un consejo para las nuevas generaciones

Con la serenidad que da la experiencia, Piedad ofrece un consejo a las personas que se han consagrado recientemente: permanecer junto a Jesucristo en la Eucaristía, escuchar su Palabra y dejar que el Espíritu Santo obre en ellas. Les invita a colaborar con las personas en la realización del amor de Dios Padre y a vivir con gratitud, incluso en medio de las limitaciones y vulnerabilidades humanas. Reconocer la propia fragilidad, dice, es el primer paso para dejar que el Espíritu y la comunidad ayuden a superar lo que es meramente humano.

Los frutos de una entrega escondida

Aunque la fecundidad de la vida consagrada muchas veces permanece oculta, Piedad reconoce que Dios le ha permitido ver algunos frutos de su entrega. Personas cercanas le han expresado que sienten el amor de Dios, la bondad y la paz al estar con ella. Algunos incluso le han dicho: “Piensas como Jesucristo, te pareces a María”. Para Piedad, estos testimonios son signos de que su vida, aunque sencilla y silenciosa, ha sido instrumento de la gracia.

La experiencia del amor

Al final, lo que resume su camino es la experiencia del amor. Para ella, amar es posible en lo cotidiano: perdonarse, ser justos, construir paz y encontrar la felicidad tanto en la salud como en la enfermedad. Su testimonio es el de una mujer que ha hecho de su consagración un espacio de encuentro con Cristo y con los demás, mostrando que la verdadera fecundidad nace de la entrega escondida y del amor vivido día a día.

Preparación para un jubileo de gratitud

Con la mirada puesta en su 50º aniversario de consagración, Piedad se prepara con sencillez y recogimiento. Su preparación no consiste en grandes planes, sino en aprovechar los tiempos de oración y dejar que el Espíritu Santo actúe en su vida ordinaria. Será una celebración centrada en la acción de gracias, fiel reflejo de su estilo de vida discreto y profundo.

A lo largo de los años, Piedad ha vivido su consagración con humildad, enfocándose en la fidelidad cotidiana y el servicio sencillo. Ella misma reconoce que su vida no ha estado marcada por grandes obras visibles, sino por una entrega silenciosa y una presencia que transmite paz, fruto del paso de Cristo por su vida y de su decisión de dejar que Él obre en su interior.

¿Qué frase o momento de la vida de Piedad resuena más contigo? ¿Has experimentado alguna vez esa sensación de que algo o alguien debe orientar toda tu existencia?

Autore
Regnum Christi Consagradas

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