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800 años predicando la amistad de Dios

¿Te has preguntado alguna vez qué mueve a alguien a dedicar toda su vida a predicar el Evangelio? ¿Qué significa realmente ser un "predicador" en el siglo XXI?

Hoy quiero compartir contigo la historia de una familia religiosa que lleva más de 800 años respondiendo a estas preguntas de manera concreta: los dominicos. Su carisma no es solo historia antigua, sino una propuesta viva que puede inspirar tu propia búsqueda de sentido.

Una familia religiosa con 800 años de historia

Los dominicos somos la Orden de Predicadores, fundada por Santo Domingo de Guzmán y confirmada por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216. Pero no te dejes engañar por las fechas: nuestra misión sigue siendo revolucionaria.

Nuestra familia incluye frailes, monjas de clausura, religiosas de vida apostólica, fraternidades laicales y grupos de jóvenes. Estamos presentes en los cinco continentes, porque la Verdad que buscamos y compartimos no tiene fronteras.

Lo que nos define no es solo predicar desde el púlpito, sino vivir de tal manera que nuestra vida entera sea una predicación. Como decía Santo Tomás de Aquino: "Contemplar y dar a los demás de lo contemplado".

El camino de formación: una aventura que dura toda la vida

Si piensas que ser dominico es algo que se aprende en unos años, te equivocas. La formación de un predicador dominico es una aventura que dura toda la vida.

Las etapas iniciales

Acompañamiento vocacional: Es el momento del "¿será esto lo mío?". Un tiempo de conocimiento mutuo y discernimiento personal.

Prenoviciado (1-2 años): Aquí comienzas a vivir internamente, acompañado en el discernimiento de tu vocación religiosa.

Noviciado (1 año): El corazón de la formación como religioso. Aquí aprendes todo sobre el carisma dominicano, su historia, tradiciones y espiritualidad.

Estudiantado (5-7 años): Después de los votos temporales, viene la formación académica en filosofía y teología. Pero no es solo estudio: es un tiempo de madurar en la vida dominicana y crecer en la fe.

La formación permanente

La meta es clara: preparar predicadores que sean verdaderos testigos de Cristo. Pero esto no termina nunca. La formación continúa "hasta la muerte", buscando curación, esperanza y renovación en nuestras vidas y las de quienes están confiados a nuestro cuidado.

Nuestra misión hoy: ser testigos de la amistad de Dios

Puede sonar abstracto, pero nuestra misión es muy concreta: ser testigos de la amistad de Dios con el mundo. Lo hacemos a través de la predicación del Evangelio que brota de la contemplación, el estudio y nuestra vida en comunidad.

Un dominico es alguien apasionado por la Verdad -es decir, por Cristo- que se siente impulsado a transmitirla a los demás. Pero, ¿cómo se ve esto en el mundo actual?

Lo que necesita el mundo según nuestros maestros

Los Maestros en Sagrada Teología nos dan pistas muy actuales:

Fray Basil Cole es directo: "Necesitamos frailes en Internet que convenzan a su público de los valores de la castidad, el amor desinteresado, la vida familiar". No se trata solo de escribir para revistas académicas, sino de no temer responder a preguntas difíciles y convencer a la gente de la verdad del pensamiento moral.

Fray Anthony Akinwale nos recuerda algo fundamental: predicar no es solo oratoria elegante. Es dar testimonio de que, en Jesucristo, Dios hace las paces con el mundo. La paz que el mundo necesita es un don de Dios que recibimos cuando estamos dispuestos a actuar con justicia.

Fray Jean-Michel Poffet va al grano sobre nuestro mundo actual: "Hay una gran violencia, no solo en los campos de batalla, sino en el lenguaje, la política, las relaciones humanas". Por eso es urgente mostrar la Revelación de un Dios que es 'amigo de los hombres', un Dios de liberación.

Una nueva evangelización que empieza cerca de casa

El Maestro de la Orden, fray Gerard Francisco Timoner III, nos recuerda algo que puede sorprenderte: "el lugar de misión ya no es solo el que está lejos de casa, ¡también está cerca de casa!"

Cuando salimos del convento, nos encontramos con "muchos hombres, mujeres y niños que no conocen la alegría de la amistad con Jesús". La misión no es solo a ciertas partes del mundo, sino a todas las partes del mundo.

Santo Domingo se "convirtió" tras una noche de diálogo con un posadero. Esa experiencia le llevó a dejar una prometedora carrera eclesiástica para llamarse simplemente "Hermano Domingo". La evangelización trae consigo la gracia de la conversión, tanto para el evangelizado como para el evangelizador.

Una invitación personal

Al final de este recorrido por el carisma dominicano, me queda una pregunta para ti: ¿qué te mueve a buscar la Verdad en tu propia vida?

Los dominicos llevamos 800 años descubriendo que la búsqueda apasionada de la Verdad -que para nosotros tiene nombre: Cristo- no es solo un ejercicio intelectual, sino una aventura que transforma toda la existencia.

No necesitas ser religioso para dejarte interpelar por esta búsqueda. En un mundo lleno de ruido, violencia y falta de esperanza, ¿no crees que vale la pena buscar esa amistad de Dios que puede dar sentido a todo?


Para reflexionar y comentar

  1. ¿Qué significa para ti ser "predicador" en tu ambiente diario? No hace falta ser religioso para dar testimonio de valores profundos.
  2. ¿En qué aspectos de tu vida necesitas más "contemplación" antes de la "acción"? La fórmula dominicana de "contemplar y dar a los demás de lo contemplado" puede aplicarse a muchas situaciones.

¿Te ha tocado algún aspecto de la experiencia dominicana? Me encantaría conocer tu reflexión en los comentarios. Y si quieres conocer más sobre nuestra vida y misión, no dudes en preguntar.

Autor
Domenicani - Ordine dei Predicatori

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