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Naci en un taxi: cuando Dios marca mi vida desde el principio

Mis padres se dirigían de urgencia a la maternidad en Guadalajara, Jalisco, cuando en ese mismo auto de sitio vine al mundo. Aquella experiencia inicial, que pudo parecer solo una anécdota familiar, hoy la leo como una señal: mi vida estaría marcada por el camino, por el "ir", por aprender a confiar aun en medio de la incertidumbre. Ese movimiento ha acompañado mi vida religiosa y ha sido, sin duda, un espacio privilegiado de encuentro con Dios.

Ingresé a la Congregación Religiosa de las Hermanas Maestras Católicas del Sagrado Corazón de Jesús en el año de 1992, respondiendo a una llamada que, con el paso del tiempo, he reconocido como una invitación constante a dejarme conducir por el amor del Corazón de Jesús. Mirando mi historia, descubro que la vocación no ha sido para mí un camino recto y predecible, sino un itinerario marcado por el movimiento, la disponibilidad y la confianza en Aquel que llama y sostiene.

Antes de ingresar a la vida religiosa, tuve la oportunidad de trabajar siendo joven como secretaria en una escuela de la Congregación. Este servicio, sencillo en apariencia, fue para mí un lugar profundamente significativo. En el contacto cotidiano con las hermanas, en la convivencia cercana, en la manera cómo vivían su misión educativa, su fraternidad y su entrega silenciosa, comencé a sentir en lo más hondo del corazón una inquietud nueva, una atracción serena hacia ese estilo de vida entregada. No fue una llamada repentina ni extraordinaria, sino una voz suave que se fue haciendo clara en el día a día, en el trabajo silencioso, en la observación atenta de una vida donada por amor. Aquella experiencia laboral fue, sin duda, el primer espacio donde Dios comenzó a tejer mi vocación y a preparar el terreno de mi respuesta.

Ese tiempo inicial marcó profundamente mi manera de comprender el servicio, la responsabilidad y el sentido comunitario, y más adelante influyó de manera decisiva en los servicios que la Congregación me confió. Aprendí que toda tarea, por sencilla que parezca, puede convertirse en lugar de encuentro con Dios cuando se vive desde el amor y la fidelidad.

Mi formación se desarrolló, en primer lugar, en los estudios propios de las casas de formación religiosa, donde fui aprendiendo a escuchar la voz de Dios en la vida cotidiana, en la oración, en la comunidad y en el servicio. Posteriormente, gracias a Dios y a la Congregación, pude realizar la Licenciatura en Educación en una escuela normal de la Compañía de María. Este tiempo fue para mí una experiencia de crecimiento personal y profesional, vivida con responsabilidad y gratitud, que me permitió adquirir herramientas para servir mejor en la misión encomendada.

A lo largo de los años, mi apostolado se ha desarrollado en diversos servicios, especialmente en el ámbito de la administración escolar y, de manera más prolongada, en la economía general de la Congregación. Durante diez años desempeñé este servicio con una convicción muy clara: más allá de los números, los procesos y las estructuras, lo verdaderamente importante era la humanización del área económica. Experimenté profundamente que este servicio era una expresión concreta del Evangelio, promoviendo condiciones más equitativas e igualitarias para todas las hermanas, y velando por la dignidad, la solidaridad, la justicia y la fraternidad. En este camino, procuré siempre mantener vivo el espíritu de sencillez y pobreza evangélica que nos legó nuestro padre fundador, el Venerable José de Jesús López y González. Administrar no significó para mí acumular, sino cuidar, organizar y hacer crecer los recursos con responsabilidad, para que la vida y la misión de la Congregación pudieran sostenerse y proyectarse con fidelidad al carisma. Esta misión me permitió recorrer prácticamente todas las obras apostólicas de la Congregación, conociendo de cerca la realidad concreta de las comunidades, las escuelas, las obras de pastoral diversa y las hermanas, enriqueciendo profundamente mi vida y mi corazón.

Posteriormente, cuando se me confió el servicio del área general de apostolado, intenté promover de manera integral las obras encomendadas, acompañando procesos, fortaleciendo el sentido de misión compartida y animando a que cada obra fuera fiel al espíritu congregacional y a las necesidades reales de las personas a las que servimos.

He desempeñado también el servicio de directora en algunas escuelas, donde me he esforzado en formar al personal, a los alumnos y a los padres de familia en el espíritu de la Congregación con creatividad y tratando de responder a las necesidades de hoy. Creo firmemente que la educación es una misión profundamente evangelizadora cuando se vive desde el corazón, y por ello he procurado dar mi vida con sencillez y humildad allí donde se me ha pedido, confiando en que Dios actúa incluso en la fragilidad de nuestros esfuerzos.

Otro servicio significativo en mi vida ha sido la coordinación de comunidades religiosas, velando por la salud integral de las hermanas encomendadas. En este servicio he intentado ejercer la misión con espíritu de sencillez y cercanía, cuidando la vida, escuchando, acompañando y sosteniendo, consciente de que la comunidad es un espacio sagrado donde Dios se revela y nos configura.

Hoy puedo decir, con profunda convicción, que el Corazón de Jesús me ha llamado y me ha ido conduciendo en un proceso para vivir de manera cada vez más radical y apasionada el Carisma de nuestra Congregación. No ha sido fácil ni inmediato, sino lento, cotidiano y profundamente humano. El Corazón de Jesús ha sido y sigue siendo el amor de mi vida, por quien he vivido mi vocación y misión, y en quien encuentro sentido, fuerza y esperanza.

Mi historia no es extraordinaria, como suelen ser las historias de quienes nos hemos decidido abrazar esta vocación; es simplemente la historia de una persona llamada por Dios, que ha aprendido a caminar, a servir y a confiar. Y tú, ¿has sentido alguna vez esa voz suave que te invita a algo más, aunque te saque de tus seguridades?

Author
Hermanas Maestras Católicas del Sagrado Corazón de Jesús

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